El bombero que rescató a un perro en su último día de trabajo, cuenta su experiencia en el parque de emergencias de Castro Urdiales

CASTRO PUNTO RADIO

La contratación del director para el Organismo Autónomo de Bomberos ha provocado el cese de uno de los trabajadores, Mario Cerecedo, que el sábado prestaba su último servicio en el parque castreño.

En declaraciones a Castro Punto Radio ha recordado cómo tiene una reunión, el miércoles a las 09:00 horas, con el alcalde. Un encuentro “que he solicitado yo para que me explique el porqué de mi cese cuando Ángel Díaz-Munío dijo en todos los medios de comunicación que, pese a la incorporación del director, no iba a permitir ninguno cese y que se iba a ganar un efectivo más”.

Este bombero de 32 años, vecino de Barakaldo, ha reconocido que no espera mucho de esa reunión, aunque “servirá de satisfacción personal para que me diga, cara a cara, que me cesa porque sí”.

Hasta que fue cesado ayer domingo, llevaba trabajando al 100% en el parque de emergencias desde el pasado mes de abril. No obstante, en junio de 2017 ya se incorporó, de manera intermitente, cubriendo ausencias de otros compañeros.

Forma parte de una bolsa de trabajo de Policía Local del Gobierno vasco y tiene plaza en el aeropuerto de San Sebastián como bombero. Pese a esto y teniendo en cuenta las condiciones en las que se trabaja en Castro, prefiere estar en un parque municipal. “Se trabaja diferente y a mí lo que me gusta es el contacto con la gente, el trato humano, ayudar a los ciudadanos. Además, Castro es un municipio que me gusta”.

Tanto es así que, después de pensárselo durante varios días, ha decidido que se presentará a la Oferta de Empleo Público de bomberos que ha convocado el Ayuntamiento. Mario tiene claro que “me gustaría jubilarme aquí con mis compañeros y amigos y trabajar por y para la gente de Castro”.

Se ha referido también a las condiciones en las que, actualmente, está el servicio en el municipio. “Para responder a una emergencia medio grave andamos muy mal de personal, de material y de todo. En verano nos mandaron a un incendio de una vivienda en Juan de la Cosa. No pasó nada, afortunadamente pero, si se hubiera complicado, los dos trabajadores que estábamos no podríamos haber hecho nada por la persona que vivía en esa casa”.

Ha añadido que “hemos trabajado con máscaras de respiración caducadas, los vehículos están obsoletos, por no hablar de lo complicado que resulta que te den material para cubrir las incidencias con todas las garantías”. Sin ir más lejos, ha contado que el pasado el viernes, cuando intervino en el rescate de un perro que había caído en los acantilados de la zona de Santa María “tuve que trabajar con unos escarpines de la talla 41, cuando la mía es la 44”. Y es que, “llevo desde junio de 2017 mandando correos electrónicos al jefe de personal de bomberos pidiendo que, por favor, me diera unos escarpines. Me decía que estaban en proceso. La persona a la que he estado meses pidiendo ese material, que vale 30 o 40 euros, no se tiene que meter al agua y yo sí, con unos escarpines prestados y más pequeños que mi pie. Ésa es la impotencia y la rabia”.

Ha insistido en que “estamos muy mal y muy necesitados de muchas cosas”. Cuando “sales a una emergencia rezas para que no sea nada grave y que, por ejemplo, no sea una intervención en altura porque no tenemos la autoescala. El problema es que un día pasará algo”.

NOTICIA EXTERNA

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