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El atracador que quería ser sofisticado

Oscar tiene 33 años y aún recuerda las hamburguesas que le ponía ‘Josu’, el del Serman, cuando tenía 16. «Allí estaba él todos los días, en la plancha. No fallaba ni uno». Aquellas hamburguesas eran célebres incluso más allá de la calle Autonomía, de Bilbao, donde estaba el local, una lonja hoy ocupada por una oficina de Ipar Kutxa.

Pero hace tiempo que pasaron a la historia. Ahora ‘Josu’ regenta el restaurante Aritz, a solo una manzana de su antiguo trabajo, justo al lado del pabellón de La Casilla. En los últimos tiempos quería hacer de su negocio algo diferente. Más «selecto», dicen los hosteleros de la zona. Sofisticado. Por eso se mosqueaba cuando algún nostálgico llegaba a pedirle hamburguesas. A principios de este año incluso quitó el vino de poteo, «el de cincuenta céntimos», para «darle otro aire al restaurante». A los txikiteros que beben en la calle Zugastinovia no les gustó la maniobra. Hasta los que pedían crianza le dieron la espalda «en solidaridad» con los damnificados por la medida.

En estas estaba ‘Josu’, menos conocido como Manuel Amancio Álvarez Villar, cuando fue detenido el pasado martes. El hostelero, que llevó durante años una doble vida que pasó inadvertida para sus vecinos y clientes, está acusado, junto a otros cuatro compinches arrestados, de formar parte de la banda de atracadores de bancos más buscada de España, que perpetró casi cincuenta golpes entre 2005 y 2010. La Policía también le apunta como el autor material del disparo que acabó con la vida de Estela Calduch, la empleada del Banco Santander de Cambrils muerta por un tiro en el cuello en un asalto el pasado 25 de octubre.

Aquel día cambió todo. Aunque se sospecha que fue un accidente –según la tesis policial, a ‘Josu’ se le disparó el arma cuando metió la mano por la ventanilla–, el salto cualitativo del robo al homicidio fue brutal. Tanto para la banda, que frenó en seco su actividad y vivió serias tensiones –nunca antes habían disparado–, como para las fuerzas de seguridad. El grupo de atracadores que se disfrazaba con pelucas, barbas y bigotes postizos para dar sus golpes pasó a ser el más buscado de España. Tanto que por primera vez cuatro cuerpos policiales –Ertzaintza, Mossos d’Esquadra, Policía Nacional y Guardia Civil– se unieron para dar caza a unos delincuentes «muy peligrosos». Lo hicieron en el marco de la operación ‘Cornisa’, en alusión al ámbito geográfico donde operaba la banda: Galicia, Asturias, Cantabria, Euskadi y, a veces, Cataluña. Meses de investigación culminaron el martes con cinco arrestos: tres en Bilbao, uno en Portugalete y otro en Castro Urdiales. Todos ellos se han negado a declarar ante el juez.

El de Castro era ‘Josu’, también conocido como ‘el Bravo’. Allí vivía desde hace unos años con su actual pareja, una mujer paraguaya. Hasta llegar a este punto de su biografía, el cocinero que pasó a ser empresario hostelero mientras, presuntamente, atracaba bancos tejió una historia para la que nadie había previsto un final tan convulso.

Manuel Amancio nació en Burdeos hace 42 años. Flori, una mujer salmantina sin miedo, había emigrado a Francia en busca de oportunidades y allí tuvo a su bebé. Pero al poco tiempo puso rumbo a Euskadi. Llegó con el crío a Lutxana, un barrio de Barakaldo con vocación de pueblo y origen obrero. Allí se casó con Manolo, un leonés que ejercería de padre y le daría dos hermanos.

El guapete de ‘el Francés’

La familia vivía de una tienda de golosinas en la calle Arriotxe, donde el primogénito solía atender a los clientes cuando aún no era un escándalo ver a niños detrás del mostrador. Aquel negocio se convertiría en el bar Specus, regentado por su padre, y en el primer contacto de Manuel Amancio con la hostelería.

Los vecinos de Lutxana le recuerdan como un chaval correcto, educado y «guapete», al que muchos llamaban ‘el Francés’ por su origen. Pero no le gustaba ni este mote ni su nombre real, que había recibido en memoria de su abuelo. Así que empezó a hacerse llamar ‘Josu’. Todo el mundo le conoce por este apodo. Su reciente salto a la triste fama ha conmocionado al barrio. En los bares no se hablaba esta semana de otra cosa. También era el único tema de conversación en las tiendas indestructibles donde resisten escaparates llenos de zapatillas.

Y eso que había dejado el barrio hacía casi dos décadas. Durante unos años iba a menudo a visitar a su madre, a la que estaba muy unido. Pero desde que ella falleció dicen sus viejos vecinos que no se ha dejado ver. Sí aparecen de vez en cuando su padre y alguno de sus hermanos: uno es guardia civil y el otro trabaja en una funeraria. La familia aún es propietaria de la lonja del Specus.

‘Josu’ se fue de Lutxana cuando se casó. Vivió en Ortuella, tuvo una hija que hoy es adolescente y se separó. Fue detenido en varias ocasiones por violencia de género contra su exmujer, que llegó a llevar escolta, y también por quebrantar la orden de alejamiento. Tiene antecedentes policiales por alcoholemia y por desacato a la autoridad.

Todo esto ocurrió tras dejar el negocio familiar y mientras la fama de sus hamburguesas crecía en el Serman. Hace un par de años cerró el negocio y abrió un restaurante en la calle Doctor Landín. «Se la pegó buena», dicen compañeros del sector. Y, por fin, se hizo con el Aritz.

Óscar Pérez, el que recordaba las hamburguesas de su adolescencia, trabaja en el bar de enfrente, el Etxetxua. Todo son buenas palabras hacia ‘Josu’. «Es un tío currante, siempre dispuesto a ayudar». Tenía talento para la cocina y «cuando había algo especial, como cordero, nos traía para picar». Así que fue un golpe saber de su doble vida: a ratos hostelero, a ratos atracador. «Hubiese puesto la mano en el fuego por él. Y me la habría chamuscado toda».

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