viernes. 19.07.2024

Hace nueve años empezaron las excavaciones arqueológicas en el castro de la Peña de Sámano (Castro Urdiales) que se cerrarán en los próximos días, en una fecha sin concretar, aunque queda más por excavar. Arrancará entonces un periodo para redactar una monografía sobre el resultado de los trabajos dirigidos por Ramón Bohigas y Miguel Unzueta en este gran recinto fortificado de mil hectáreas, aproximadamente, situado en la cima de un monte, en posición estratégica sobre el valle de Sámano que data de la II Edad del Hierro con proyección en la época romana, «aunque desde el siglo I queda abandonado», según apunta Unzueta.
Las diez campañas llevadas a cabo -la útima ha sido doble- han permitido encontrar dos puertas defensivas, una monumental hacia el norte, la de Sanganza, y otra pequeña al sur, «para defenderse de sus propios vecinos porque se robaban hasta los hijos», asevera Unzueta. Además, se ha encontrado una zona de habitación compuesta por 12 chozas, situadas en la zona más plana lejos de las dos fuentes. «Se han podido cerrar algunas fuentes, y hay que pensar que ellos no se duchaban», bromea Unzueta. Los investigadores han llegado a la conclusión y a identificar 12 chozas, 11 de las cuales de forma redonda u ovalada, que fueron levantadas con ramas y barro, con los tejados en forma de cono; por contra, tan sólo existe una rectangular.

«En todos los castros que se han excavado de Santander a Irún, media docena, éste es el que ha dado mayor conjunto de casas, estructuras de habitación de fábricas, organización interna un proto-urbanismo que nos permitirá en la fase de documentación de un año levantar las casas y decir que el barrio era así y vivían más o menos de esta manera», afirma uno de los directores de la excavación. El asentamiento fue un oppidum, es decir, una establecimiento con defensas indígena de una unidad étnica local, los samani, que habitaron en esta zona y bajaron a la ciudad romana, una vez fundada en la segunda mitad del siglo I d. de C. por Vespasiano.

Objetivos

«Estamos estudiando la relación entre mundo indígena y mundo romano. Buscamos un yacimiento indígena que estuviera cerca de uno romano como es Flaviobriga (Castro Urdiales). Hemos encontrado en este castro un gran poblado indígena contemporáneo a la primera parte de ocupación de Roma, pero cuando en los años setente del siglo I se funda Flaviobriga aquí se deja de vivir y sus pobladores se integran», confiesan ambos directores.

El trabajo tenía dos metas: una determinar cual era el recinto defensivo amurallado (identificando las puertas o accesos) y otra era localizar las cabañas, los hogares y los corrales. Los principales hallazgos realizados durante las excavaciones, son fragmentos de cerámica, fragmentos de útiles de molienda y mucho metal, principalmente hierro. Se han recuperado fíbulas (hebillas de la ropa), armas, puntas de lanza, herramientas y útiles. «Aquí arriba hay un problema de conservación muy fuerte, porque la capa ácida está cerca de los fondos de las cabañas y eso hace que la hierba digiera prácticamente el sustrato. Lo que queda es principalmente la cerámica celtibérica y la romana que fueron bien cocidas; las indígenas previas son mas blandas y se disgregan a no ser que se hayan recocido en el fuego de un hogar», aclara Unzueta.

Sin restos humanos.

Restos humanos no se han encontrado, porque en aquella etapa de la protohistoria se incineraban. Los análisis de carbono 14 se han hecho con semillas encontradas, y los análisis de termoluminiscencia sobre las plaquetas de cerámica de los hogares, para determinar su 'edad'.

Los pobladores del asentamiento humano hablarían céltico indoeuropeo y se hacían su propia ropa, sobre todo de lana. De hecho, se encontró una pieza para hilar (una fusayola) con una estela cántabra grabada, similar a las estelas de Lombera. «Es preciosa y será el anagrama de la portada de la monografía ya que es la primera vez que aparece una decoración de este tipo en contexto arqueológico», señaló Unzueta.

Conclusiones y futuro

Para Ramón Bohigas, «parte la reflexión final de la memoria que prepararemos los directores de la excavación serán las posibilidades de utilización de este espacio a partir de los datos conocidos, durante estos años». Para hacer una segunda fase de excavación sería necesario, según apunta Bohigas, poner en valor el lugar, opción del Ayuntamiento de Castro en colaboración con Cultura. «Ahora -estima Bohigas-, sería necesaria una inversion muy fuerte, de unos 600.000 euros, para llevar a cabo la segunda fase. Hubo encuentros con él equipo de Gobierno tripartito para llegar a un acuerdo, que concluyeron cuando tuvo lugar la moción de censura». Cuando acaben los trabajosde 2005, si no hay novedad, los hallazgos arqueológicos serán cubiertos para evitar daños. Mikel Unzueta, por su parte, matiza y cree que «el trabajo no ha hecho nada más que empezar. Con la metodología que tenemos, lo que podemos hacer es concluir el trabajo y dar a conocer los resultados; si después de diez años alguien decide hacer una inversión muy fuerte habría que volver a empezar con esta base». «Nosotros empezamos con nada, cuando llegamos las dos puertas no eran tales sino agujeros en las murallas. Ahora hay datos seguros de cómo vivían».

Fuente: eldiariomontanes.es

Concluyen los trabajos de excavación en el castro indígena de Sámano