viernes. 14.06.2024

El tradicional concurso de guisos marineros de Castro atrajo ayer a 15.000 personas, que degustaron los platos de 267 cuadrillas

El bonito estaba ayer en el aire de Castro. Ya desde muy temprano, cualquiera que se acercase a la zona del puerto pesquero sentía la caricia del olor a suculento túnido. Y es que la festividad de la Virgen de La Asunción es aprovechada por los castreños para realizar una de sus fiestas más queridas y multitudinarias: el concurso de marmitas o marmitako, que este año reunió a más de 15.000 personas, muchas de ellas vizcaínas.

Los componentes de la peña Los Jaulas se encargaron de proporcionar desayunos con fundamento a cuantos se acercaron al puesto que habían instalado en la plaza del Ayuntamiento. Allí, desde las siete de la mañana, repartieron 300 kilos de bonito a la plancha entre visitantes y lugareños. Tampoco faltaron los noctámbulos que enlazaron la fiesta nocturna con la diurna. El contundente desayuno supuso el tentempié perfecto que muchos necesitaban para la larga mañana que les quedaba por delante. La decimonovena edición del certamen de marmitas reunió a casi 4.000 concursantes, repartidos en 267 cuadrillas, que invadían incluso el rompeolas.

Ya antes de las nueve de la mañana, decenas de carritos de supermercado comenzaron a salir de todos los rincones. «Nos los dan en las tiendas. Éste, por ejemplo nos los dieron hace dos años, y aún lo conservamos», explicaba Jon, un joven castreño de 17 años. En el curioso transporte viajaban, «un poco desordenadamente», un hornillo, varias cacerolas, patatas, huevos, pimientos y, sobretodo, bebidas de variada graduación. «Es que hoy va hacer mucho calor y habrá que refrescarse», se justificaba el muchacho ante la mirada divertida de sus compañeros de cuadrilla.

Mientras, otros pasaban el rato lanzándose al mar desde el rompeolas. «Es que hasta las once no hay mucho que hacer», comentaba otra adolescente. A esa hora se dio el pistoletazo de salida al concurso. Hasta entonces, ninguno de los participantes podía comenzar a elaborar el guiso, pero en cuanto se levantó la veda, los cocineros se pusieron manos a la obra. «El secreto es la paciencia. Ya sabes, que se haga poco a poco la patata para que quede en su punto», recomendaba una madre a su hijo, de poco más de 15 años.

«A mantel puesto»

A medida que se acercaban las 13.30 horas, comenzaba el desfile de platos hacia la zona en la que estaba el jurado. Los expertos paladearon y eliminaron los guisos menos afortunados. Poco después de las dos de la tarde, ya sólo quedaban 10 finalistas. Finalmente, los 300 euros fueron a parar a manos de la cuadrilla 'Castro'. Carlos Aguirre, el cocinero, no podía disimular su satisfacción: «Con el dinero nos iremos todos juntos de cena y a mantel puesto», aseguraba.

La fiesta fue vigilada de cerca por la DYA, Cruz Roja, Bomberos y Protección Civil. Según datos facilitados por la Asociación de Ayuda en Carretera sus sanitarios atendieron a «algo más de 70 personas». «La mayoría de ellas presentaban cortes que fueron atendidos en nuestras ambulancias. No ha habido que realizar traslados a centros sanitarios», apuntó el presidente de la entidad, Rafael Gómez.
Fuente : elcorreodigital.com

Marmita 2005