martes. 16.07.2024

Anabel, Victoria, Luci, Soraya, Asun, Maite, Susana, María Jesús... Son algunas de los cientos de mujeres cántabras ocupadas en la elaboración artesanal de las anchoas. Mujeres trabajadoras que ahora se enfrentan a un futuro incierto como consecuencia de la desastrosa costera, de la ausencia de capturas y de la consiguiente crisis del sector.

La mayor parte de esta mano de obra se concentra en Santoña, una villa cuya economía gira en torno a su 'producto estrella'. Y es que de las aproximadamente 2.000 personas, en su mayoría mujeres, que trabajan en la actualidad en el sector conservero de Cantabria, la mitad de ellas lo hacen en Santoña. El resto se reparte, fundamentalmente, entre las industrias instaladas en localidades como Colindres, Laredo y Castro Urdiales.

La empresa 'Conservas El Capricho', de Santoña, nos abrió las puertas de su fábrica y permitió comprobar la preocupante situación por la que atraviesan muchas de estas mujeres. Todas ellas coincidían en un argumento: 'El futuro está muy negro'.

María Jesús, una de las trabajadoras más veteranas, pinta un panorama nada halagüeño para el sector. 'Pedidos hay, pero si no hay materia prima, nosotras nos vamos a casa. Date cuenta de que en Santoña la mujer aporta muchísimo a la economía familiar. Si uno de los dos sueldos falla, falla todo. El tema se presenta muy negro', reconoce María Jesús sin dejar de atender a su trabajo ni un momento.

En su opinión, la crisis afectará sobre todo a las más jóvenes: 'Te lo digo yo, que con 60 años tiro ya para adelante bien, pero esa juventud que tiene que meterse en un piso para poder vivir como todo el mundo. Si esto va a ser para largo...' Pero si el futuro es incierto para todas ellas, los problemas se multiplican cuando se trata de familias en donde, además, el cabeza de familia trabaja en la mar.

Este es el caso tanto de Asun como de Maite, ambas madres de dos hijos. 'Mi marido está en casa sin salir a la mar, sin trabajo y con reuniones continuas. Desde abril estamos viviendo una situación muy dura. Desde entonces habrá ganado 600 euros, pero es que todavía hay gente que no lo ha llegado ni a ganar. Nosotros salimos adelante como podemos. Los ahorros que tienes los vas gastando y vivimos con mi sueldo, pero ¿si a mí me mandan al paro?', se pregunta Asun.

La situación de Maite es similar. 'Aquí lo que levanta el año es el bocarte y el bonito. Si falla una costera, imagínate. Me gustaría preguntarle a la ministra si con los 1.000 euros que quiere dar por 45 días, ella vive en su casa, paga una hipoteca y alimenta a sus hijos', se lamenta esta mujer.

'El futuro está muy negro. Las casas hay que pagarlas, todos los meses te viene el banco y tienes que comer. Con los ahorros vamos tirando, pero eso se llegará a gastar. Si luego aquí te mandan para casa...'. Maite augura que los pescadores tendrán que 'hacer mucho ruido' porque se lo están poniendo muy difícil. 'Cuando hagan ruido igual les hacen caso'.

Pero, en Santoña, la situación no solo afecta al sector conservero y a las gentes de la mar. En una villa como ésta, tal y como señalan estas trabajadoras, la crisis se nota en toda la economía del pueblo.

'Aquí se vive de esto. Va a repercutir en todo. A nosotros antes, pero luego a todos', asegura Soraya. Ella ve que en la plaza de San Antonio se sigue viendo gente, 'pero fuera no se gasta. De compras no es lo mismo de antes. De hecho, vas a las tiendas y están vacías', apunta.

Todas lasa mujeres dedicadas a la anchoa opinan que si la situación no mejora los problemas están por llegar: 'Lo que estamos haciendo ahora es lo que se ha descabezado del año pasado. Si este año no se descabeza, la temporada que viene no habrá bocarte para hacer', reflexionaban tanto Asun como su compañera Victoria, pensando en la campaña del próximo año.

Fuente : terra.es

Las trabajadoras de las conserveras se enfrentan a un incierto futuro