jueves. 29.02.2024

El día 11 de mayo de 1813, la villa de Castro-Urdiales fue reducida a cenizas, y casi todos sus habitantes que se hallaron en ellas a la entrada de la División Francesa que la sitió, fueron pasados a cuchillo por los enemigos sin perdonar al anciano respetable, a la inocente doncella, al enfermo postrado en cama, a la mujer preñada, a las madres que lactaban a sus hijos, ni a la inocencia de los tiernos párvulos, pues todos fueron víctimas del furor y de la atrocidad, de forma que según los estados comprendidos en el manifiesto impreso que se acompaña, resulta que constando la villa antes del fatal acontecimiento de 253 casas, se abrasaron y destruyeron enteramente 120, habiendo quedado sólo 133 casas, su vecindario estaba compuesto de 563 personas, sin contar con los forasteros, de las cuales 309 personas, entre ellas 82 niños y niñas, perecieron (Cuando se refieren a forasteros, quiere decir, aquellas personas de los lugares próximos a la Villa, que se habían refugiando tras los muros por considerar aquel lugar más seguro que las casas desperdigadas por los campos, donde eran frecuentemente amenazados).

Quedó Castro-Urdiales sin historia documental, muchos archivos se perdieron, entre ellos el de la Villa y el del Cabildo y aquellos otros que se hallaban en poder y custodia de los escribanos locales.

Los pocos que lograron eludir la visita de la muerte, lo fueron por haber conseguido subirse a una embarcación y desafiar así su ventura, o bien aquellos otros que se pusieron al amparo de los recios muros del convento de las monjas de Santa Clara, que inexplicablemente no sufrieron ataque alguno, ni tan siquiera el intento de que les abriesen el portón de aquel sagrado recinto.

Aquel día, el Gobernador de la plaza de Castro-Urdiales, el teniente coronel del Regimiento de Iberia, Pedro Pablo Álvarez Alonso y Pérez de Guzmán el Bueno, disponía de unos 1.500 hombres, bien provistos de munición y víveres, apoyados por una entusiasmada población que les auxiliaba en todo, razón por la que muchos vecinos se habían ocupado en contribuir a la fortificación general de la Villa.

Presentados los franceses ante la muralla, la población no accedió a capitular y por ello enarboló bandera negra, desafiando a las fuerzas atacantes. Por esta razón se inició el asedio y finalmente fue tomada por escalada en el mismo día 11 de mayo de 1813, cuando ya no había ni un soldado dentro de sus muros, por haberse puesto a salvo todos con la fuga que verificaron en los barcos que de antemano y premeditadamente tenia embargados en el muelle”.

Declarados los pobres vecinos como rebeldes, traidores y asesinos, por ello sus bienes y hogares condenados a muerte, al saqueo y al incendio, cuya sentencia se ejecutó al momento por el mismo orden que se acaba de indicar.


Fuente: 1808-1814.org

11 de Mayo, un día para el recuerdo