miércoles. 19.06.2024

«Estamos contentos porque volvemos a casa. Por fin, todo ha terminado». Estas palabras del matrimonio formado por Javier Capetillo y Mari Cruz Rad bien podrían hacerse extensivas al resto de las 56 familias de la calle Díaz Munío que ayer volvieron a sus casas. Un regreso que se produce después de diez días en el 'exilio' como consecuencia del incendio del pasado 5 de marzo que obligó al desalojo de 300 personas.

A las cuatro en punto de la tarde dos agentes de la Policía Local se encargaron de desprecintar los portales 14,16, 18 y 18 A que permanecían cerrados desde el día del incendio. Apenas tres propietarios aguardaban la llegada de los policías.

Entre ellos, Pedro Pesa, al que muchos vecinos seguro que le están agradecidos. Y es que fue el encargado de dar el aviso del incendio a la Guardia Civil. «Lo primero que pensé al oler el humo es que se me había vuelto a estropear la caldera. Fui a la cocina y comprobé que estaba bien. En ese momento, vi por la ventana el humo que salía del patio y directamente llamé a la Guardia Civil», relató ayer Pedro mientras mostraba las leves consecuencias que el hollín había provocado en su vivienda del portal 18. Ayer, Pedro era un hombre feliz, su rostro le delataba. Como otros muchos vecinos, Pedro volvía a su casa después de diez días de intranquilidad. Aunque reconoció que él no ha tenido que irse muy lejos estos días como el caso de otros propietarios que han tenido que alquilar pisos u hospedarse en algún hotel. «Yo por suerte he estado estos días en casa de mis padres que viven cerca de esta calle», comentó Pedro. Algo más complicada ha sido la vida durante estos diez días de otras muchas familias afectadas. «Nos hemos alojado en casa de unos familiares, pero con el incordio que por las noches teníamos que venir a buscar ropa. Estábamos deseando que todo acabara», recalcaban Javier y Mari Cruz, mientras entraban a su casa acompañados de su nieta.

Milagro

Aunque muchos vecinos no se ponen de acuerdo a la hora de valorar las causas que motivaron el incendio y menos cuando se argumenta que podría haber sido intencionado, en lo que sí coinciden es en que fue un milagro. Todo un milagro si tenemos en cuenta la cantidad de gente que hubo que desalojar y la ausencia de heridos.

Seguridad garantizada

La decisión de realojo de los vecinos fue tomada en la mañana de ayer por los servicios técnicos del Ayuntamiento, una vez recibido el informe del arquitecto encargado de las labores de la rehabilitación de la zona afectada. Precisamente, en declaraciones a este periódico, Manuel Prieto aseguró que la decisión se ha fundamentado «en que el edificio reúne ya las condiciones de habitabilidad y está garantizada la seguridad de los vecinos».

«Pasé miedo, ¿quién no se asusta al ver humo en casa?»

Miércoles 5 de marzo. Son las siete menos veinte de la mañana. Marcelino Rodríguez, vecino del portal 18 de la calle Díaz Munío, es ayudado por los bomberos a bajar por las escaleras desde su sexto piso. «Estaba durmiendo tan feliz y me despertaron. Cuando me he querido dar cuenta me he encontrado con que todo estaba lleno de humo y los bomberos llamaban a la puerta de mi casa. Había humo, no se veía nada, creo que venía de las escaleras o del ascensor. Lo primero que he hecho es abrir dos ventanas para que respire el piso». Estas eran las palabras que Marcelino pronunció ese día, minutos después de ser desalojado y atendido por los servicios de emergencia.

Diez días después, este camionero de 59 años de edad, que esa noche permanecía sólo en su casa puesto que su mujer está en Galicia, recordaba con otro semblante lo sucedido esa madrugada. Todo ello mientras mostraba los efectos que el humo había provocado en la alfombra del pasillo de su casa. «Quieras o no pasé miedo, quién no se asunta al ver la casa llena de humo», reconocía un Marcelino feliz porque ayer volvió de nuevo a su hogar. «He vivido estos días en casa de mi hermano. Cuando me han llamado para decirme que podía regresar de nuevo a partir de las cuatro de la tarde, me he venido rápidamente». Y es que aunque con su hermano ha estado bien, «uno siempre está mejor en su propia casa. Estar fuera de casa, como se puede comprender, es incómodo».

Si el pasado 5 de marzo, Marcelino bajó las escaleras escoltado por dos bomberos, ayer las subió -el ascensor no estaba operativo-, en esta ocasión, respondiendo las preguntas de dos periodistas. En este trayecto hacia su vuelta a casa era palpable que una empresa se había encargado de la limpieza de las escaleras. Lo que no habían conseguido eliminar era el olor a humo que todavía no ha desaparecido. «Está claro que todavía huele y este olor va a permanecer varios días más».

A las cuatro y 17 minutos de ayer tarde, Marcelino abrió la puerta de su casa. Manchas de hollín en la alfombra y restos en otros puntos de la casa, como la cocina y el salón, son los efectos que el incendio ha dejado en su vivienda. En su memoria, restos de sobresalto por lo vivido, pero alegría contenida porque al fin y al cabo todo quedó en un susto. Un gran susto.

Extraído de: eldiariomontanes.es

Hogar, dulce hogar