viernes. 12.04.2024

Continua el experimento que nuestro amigo iniciara hace algunos dias en Recortando Horas de Sueño (I)

Llevo dos noches durmiendo seis horas. Esto supone, como mínimo, dos menos que de costumbre.

Cuando te privas del sueño que mereces nada parece real, todo está lejos, todo parece una copia de una copia de una copia.

Bueno, en realidad tampoco es tan serio porque sigo cerrando los ojos un buen rato cada noche, pero durante el día me encuentro algo confuso. Es una sensación interesante. Parece que las cosas le sucedan a otro. Todo llega amortiguado y los sucesos banales adquieren la importancia exacta que tienen: ninguna.


Después de dormir 12 horas en dos días por voluntad propia, uno se encuentra, hmmm...

Empanado
(Del lat. empanatus).

  1. adj. Mezclado, revuelto, desconcertado.
  2. adj. Oscuro, dudoso.
  3. adj. Poco perceptible, difícil de distinguir.
  4. adj. Turbado, temeroso, perplejo.

Pero considerémoslo parte del experimento. En ninguna de estas definiciones entran náuseas, mareos o dolores de cabeza, así que de momento estamos de suerte.

Tener días que duran dos horas más es una auténtica maravilla. Cuando llego a casa no lo hago todo aprisa y corriendo, sino que sé que voy a tener tiempo para hacer todas las cosas que de otra manera tendría que dejar para otro día: afeitarme, responder correo pendiente, preguntarme cómo hace Gorrino para ver cinco capítulos de "Lost" cada día (se supone que soy yo el que duerme seis horas)... Ojalá pudiera sacar dos horas más a todos mis días. Sólo dos horas extra servirían, no necesito más. Se trata de un suplemento formidable. Me levanto el primero y me acuesto el último. Me siento Flex, aunque sólo si hablamos de actitud.

Dejar de dormir lo que te pide el cuerpo es realmente jodido. Durante mis investigaciones leí que sólo ha habido dos personas capaces de permanecer despiertas más de diez días, y que durante ese periodo emplear los adjetivos "consciente" o "lúcido" es casi una licencia poética. Luchar contra el sueño es luchar contra los elementos, es intentar mantener un puñado de arena en una mano cerrada. Creo que mi adaptación a un régimen más severo debe ser progresiva, y sólo avanzar cuando realmente me haya asentado en el escalón correspondiente. Si pasara a dormir cuatro horas y media cada noche de un día para otro, en 48 horas estaría viendo al Chano en tutú corriendo por el comedor.

El plan empezaría con adaptarme a las seis horas cada noche. Lograr pasar con eso sin notarme mentalmente limitado durante la jornada sería una maravilla. Ahora mismo estoy en ello.

La gente que se adapta al sueño polifásico dice que el primer día se pasa relativamente bien, pero que el segundo y el tercero son el infierno venido a la tierra. Yo simplemente ando recortando un par de horas, así que todavía no he llegado a un punto en el que quiera saltar por la ventana. Sin embargo, sí que he notado que el segundo día ha sido más duro que el primero.

La primera mañana me levanté fresco y estuve bastante despierto hasta la hora de comer. A partir de ahí fue todo cuesta arriba y pasé la tarde bostezando. Para colmo, en el trabajo acabo de terminar una etapa de tormenta y ahora llega la calma chicha, así que me aburro más que el juez de banda de un futbolín, y las motivaciones para mantenerme despierto en la oficina son escasas. Al llegar a casa me vine arriba y estuve bastante activo. Concluí que dormiría de una a siete, así que a partir de las doce estuve haciendo tiempo leyendo un libro y pensando que me iba a quedar frito. Así terminó el primer día.

La segunda mañana no me he levantado como una rosa precisamente. Me estaba duchando y estaba viendo en technicolor cómo me metía otra vez en la cama. Se me ha hecho duro pensar que me quedaban 18 horas por delante hasta ese momento y saber que, incluso entonces, tampoco se trataría de un sueño reparador sino de otro chute de seis horitas.

La primera parte del día ha sido dura de cojones. Después de comer he tomado un café y la tarde ha pasado algo mejor, pero siempre con esa sensación de que nada va conmigo. Es bastante agradable porque nadie te molesta. Al llegar a casa me he puesto un capítulo de "Lost" en la máquina de remar y al terminar me he vuelto a venir arriba, probablemente por el ejercicio, aunque no descarto que haya sido por la morenita protagonista. Ahora mismo estoy algo cansado pero lúcido, intentando juntar palabras y haciendo tiempo hasta que llegue la una. Mañana otra montaña.

El sueño de estas dos noches ha sido irregular. La primera noche puse la cabeza en la almohada y perdí el conocimiento. La segunda tardé unos cinco minutos. Generalmente transcurre una hora desde que me acuesto hasta que termino de arreglar el mundo y puedo dormir, así que en ese sentido hemos hecho progresos. El problema ha sido que me he despertado varias veces durante cada noche, por lo menos dos y seguramente tres, una vez al final de cada ciclo de sueño. En cada uno de esos despertares apenas he tenido tiempo de darme cuenta de que no seguía dormido.

Estas dos noches no recuerdo haber soñado. Tampoco es algo que me preocupe especialmente. Generalmente no sueño, y cuando lo hago suele ser algo retorcido. De vez en cuando sueño algo bueno y entonces tengo que levantarme y meter los pantalones del pijama en la lavadora. No soy de esos que sueñan que corren por un prado bordado de margaritas junto al hogar de los enanitos en la calle de la piruleta, así que no creo que me esté perdiendo nada. Quizá más adelante sueñe algo. Lo comentaré si me acuerdo y no es algo de lo que me tenga que avergonzar.

He hecho lo de los dos despertadores porque uno de los objetivos de esta primera fase es encontrar la duración de mi ciclo de sueño. El problema es que lo más parecido que tengo a un radio-despertador es el portátil con el reproductor de música y el plugin de alarma. En realidad ese no es problema, sino que el ordenador tiene que quedarse encendido toda la noche y que el ventilador aúlla como una ballena asmática.

La primera noche dormí con tapones y puse la música más alta. Quizá los tapones, gran invento del siglo XX junto con el tanga y la rueda, hicieran que mi descanso fuera más completo que en la segunda noche en la que no los utilicé, aunque puede que sea que el segundo y el tercer día son sencillamente más jodidos. De acuerdo con todos los pronósticos, mañana me espera una buena. Esto está resultando un ejercicio de auto-disciplina de dimensiones orgiásticas.

Voy a darme una semana. Si consigo estabilizarme en las seis horas cada noche, el siguiente paso natural sería partir el día en dos: una noche de 4.5 horas y una siesta de noventa minutos al volver del trabajo. "Bah, eso es más de lo mismo" dirá más de uno, siguen siendo seis horas.

Bien, yo lo veo como estar al borde de un edificio de seis plantas encaramado a una escalera de madera y de cara al abismo. Abajo en la calle hay un colchón enorme. Sabes que las patas de la escalera se van a quebrar en un momento dado y que te vas a precipitar a la calle. Sabes que no te pasará nada porque te espera un colchón, pero desde luego por el camino no lo vas a pasar nada bien. Lo mejor es que tú decides cuándo se va a romper la escalera.

Digamos que con las seis horas ahora mismo voy bastante justito. Si contemplo un cambio en mi patrón de noche, desde luego que no que concibo son menos horas. Me da igual que me espere una siesta al llegar a casa. El trayecto hasta ella puede ser infernal.

El tema de la siesta es complicado. Cuando se duerme 4.5 horas por la noche, necesitas una siesta por la tarde como agua de Mayo. Dormir esa siesta no es algo que se pueda discutir; o la duermes o no eres persona. No hablamos de una cabezadita, hablamos de noventa minutos. Necesitas una cama y que nadie te moleste, y eso no siempre es posible.

Cuando uno convive en sociedad con otros animales no siempre puede hacer lo que le plazca. ¿Qué pasaría, por ejemplo, si hubiera dormido 4.5 horas y al salir del trabajo, en vez de meterme en la cama noventa minutos, tuviera que ir a aguantarle el rollo al Payo Pork durante dos horas? Probablemente me levantaría a mitad de sesión con un bolígrafo en la mano y apuñalaría al ruso que trabaja conmigo, y eso que me cae bien. Y bueno, estos eventos sólo suceden una vez al mes, pero hoy Payo Pork y mañana cualquier otra cosa. ¿Y si me he ido a esquiar? ¿Y si me he largado ese fin de semana a visitar Berlín? Lo de la siesta todas las tardes no es algo al alcance de todo el mundo, y si no hay siesta no hay consciencia.

En fin, vamos a ver si nos adaptamos al sueño monolítico de seis horas y luego veremos adónde queremos ir. Incluso en esta etapa me surgen dudas.

¿Qué sucede si el viernes llego a las cinco de la mañana a casa después de pedir dinero por tres garitos diferentes? ¿Cómo voy a dormir seis horas esa noche? Bueno, ahora que lo pienso tampoco sería la primera vez, pero la idea no deja de resultarme inquietante.

Si me estoy volviendo loco, ¿qué era exactamente lo que estaba haciendo antes de empezar el experimento?

Extraído de : elsentidodelavida.net

Recortando Horas de Sueño (II)