El oxígeno de las urbes del futuro

La sostenibilidad de las ciudades pasa en la actualidad por sustituir la construcciones basadas en hormigón por nuevas cubiertas ecológicas que permitan absorber el gas carbónico generado por el tráfico para producir más oxígeno.

Alemania es el paradigma de este nuevo concepto de edificación que puede mitigar el impacto ambiental en las grandes urbes. La empresa vasca Sánchez Pando ha desarrollado una gama de cubiertas ajardinadas que a través de un innovador sistema de capas superpuestas conserva estable la temperatura de la azotea del edificio, ofreciendo un ahorro del 37% en la factura energética del edificio.

Las láminas superpuestas en las cubiertas logran un control preciso de la temperatura del edificio, permitiendo calentar el interior del inmueble en invierno, mientras que en verano lo refrescan. Prestación que se traduce en un ahorro energético de hasta un 37% en la factura de coste energético de los edificios.

El proyecto, que vio la luz hace dos años, ha dado forma sostenible y ecológica a la terminal T4 de Barajas, la azotea del centro hospitalario de Castro Urdiales y edificios singulares como un inmueble de Algeciras. "En Europa las cubiertas verdes están consolidadas porque los países como Alemania subvencionan su instalación. Nosotros vimos que era una necesidad cada vez mayor para edificios que pedían techos energéticos", explica Mikel Marimón, director técnico del proyecto en Sánchez Pando.

En la práctica, el sistema consta de varias capas cuya base la forma un soporte ubicado en la propia cubierta del edificio. Sobre esta se ubica una lámina asfáltica que se une a otra capa drenante formada por un compuesto de politileno de alta densidad. A estos primigenios componentes se añade un fieltro geotextil de prolipropileno que se rematará con el sustrato de tierra y la vegetación que se plantará sobre la cubierta.

El proceso constructivo del sistema comienza con la instalación de la primera capa sobre el soporte de la cubierta.

La lámina está compuesto por una capa elastomérica de cuatro kilogramos de peso a la que se aplica un betún SBS que otorgará al material una mayor elasticidad en su composición. Una vez aplicada esta solución, la lámina se suelda al soporte base de la azotea para completar el segundo paso.

En esta nueva fase será en la que los técnicos efectúen una imprimación asfáltica que actuará de conexión con una segunda capa asfáltica. "Esta nueva capa lleva un fieltro o armadura de poliéster que le da una mayor resistencia y grosor a esta lámina y está acabada en pizarra", indica el técnico.

Con esta aplicación se logra una autoprotección de las capas frente a inclemencias climatológicas como el viento, granizo o la lluvia.

El factor clave para dar forma definitiva a la cubierta ajardinada reside en la elaboración de un aditivo antiraíz que sirve de barrera para que las raíces de las plantas no entren en contacto con las capas impermeables y asfálticas. Para ello se mezclan en tanques con las láminas asfálticas.

Una tercera fase es el proceso de enrollamiento de las láminas elaboradas por las máquinas que recibirán un tratamiento de enfriamiento y se plegarán en plásticos precintados para su posterior instalación en la cubierta.

La última capa que se empleará es una envoltura drenante cuya misión principal es la acumulación del agua caída en las tormentas. Este sistema innovador de cubiertas ecológicas contempla varios tipos de drenaje en función de su profundidad en milímetros de las cubetas que incorporan. Las más comunes son la lámina DE–7, DE–27 y DE–40, si bien la más utilizada para esta versión de cubiertas es la DE–25. "La elección de las mismas responde a factores como el clima del lugar o la plantación que se va acometer sobre la azotea", describe.

La misión de esta capa es acumular el agua de lluvia y riego en las cubetas hasta que estos dispositivos queden cubiertos.

El agua sobrante va por los pasillos de la lámina de impermeabilización a los canales de la cubierta para después acabar en el desagüe. "Las cubiertas cuentan con un desnivel entre el 1 y el 5% para facilitar que el agua pueda ser evacuada y no se acumule en la superficie".

Junto a esta capa drenante, los técnicos colocan un fieltro geotextil –compuesto por polipropileno– que se empleará para separar las cubetas del futuro sustrato de las plantas. Una aplicación que facilitará a los vegetales poder contar con un "remanente" de agua de la que poder abastecerse. "Se trata de un almacén de nutrientes para las plantas y lo que sobra se evacua por las cubetas", subraya.

Instalado el fieltro, el siguiente paso es la colocación del sustrato de tierra sobre las cubetas. Este está compuesto por un alto contenido de nutrientes y un relleno de tierra volcánica que logra un mejor arraigo de las futura plantación. Finalmente, el cultivo de plantas se realiza sobre esta estructura de capas en función del tipo de plantación elegida. De esta manera existen explotaciones como la denominada Intensiva, dirigida al cultivo de árboles y arbustos que requieren un mayor mantenimiento y riego, a otra Extensiva que se caracteriza por un nulo mantenimiento. "Son plantas del tipo Sedum, desérticas y aromáticas que se plantan tanto en invierno como verano", explica.

Entre las principales ventajas que ofrece este pionero sistema se encuentra su beneficio en el ahorro térmico y energético de las azoteas de los edificios.

Los técnicos aseguran que estas cubiertas verdes mantienen "estable" la temperatura de los inmuebles a lo largo del año. "En invierno mantiene el calor del interior, mientras que en verano logra una temperatura más fresca, lo que facilita que el usuario pueda reducir el uso de calefacción".

Según un estudio elaborado por la Universidad Politécnica de Madrid, tras comprobar con un estudio de sensores una cubiertas ecológica y una convencional, el grado de ahorro energético que repercute el uso de este tipo de sistema contribuye a una reducción de hasta el 37% en la factura de consumo eléctrico.

Junto a esta atractiva prestación, logra mejorar el clima local de las ciudades en las que se instalan estas láminas sostenibles. "Las cubiertas ajardinadas actúan de filtro con el ambiente y absorben la polución que proviene del tráfico y fábricas a través de la retención de materiales pesados que flotan en el aire, mientras las plantas liberan oxígeno limpio".

"El objetivo es que estos sistemas constructivos ecológicos sustituyan al hormigón como material de construcción para mejorar la calidad del aire en las ciudades".

Unas cubiertas innovadoras que podrán orientar a las urbes vascas a un modelo urbanístico más sostenible.

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