La Residencia de Castro se queda sin monjas

Han pasado 137 años desde que María Josefa del Corazón de Jesús fundara en Castro Urdiales la primera casa de las Siervas de Jesús de la Caridad. En todo ese tiempo han sido muchas las religiosas que se han dedicado a la atención de los ancianos del municipio, pero ahora la falta de vocaciones, de monjas, ha provocado que la Residencia de ancianos castreña se quede sin representantes de la congregación.

La madre superiora María Oliva y su compañeras Concepción, Dolores y Pilar dejarán sus tareas de atención a los 92 ancianos del Santo Hospital el próximo mes de mayo. Apenadas por su marcha, reconocen que al no haber vocaciones para coger su testigo es imposible seguir manteniendo la congregación en Castro. Concepción, con 78 años, lleva veintidós dedicando su tiempo a los ancianos de Castro. Es la más veterana y tiene muy claro que «ya he dado lo que tenía que dar». Pilar, con 67 años, lleva veinte en la Residencia castreña. También está muy triste por tener que abandonar a los ancianos y reconoce que «recibimos más de lo que damos». Dice que convivir con la gente mayor y enferma es una «enseñanza permanente». Y piensa que «el mundo se empobrece porque no escucha al anciano».

La madre superiora, María Oliva, tiene 66 años y lleva dieciocho dirigiendo la congregación en Castro. Cree que han dado lo mejor de sus vidas y está encantada por el servicio que han prestado al pueblo. «Nos vamos con mucha tristeza», apunta. Dolores, con 67 años, es la que menos tiempo lleva en Castro, unos ocho años.

Dice que la edad las limita (ella está operada) y que no pueden atender a los ancianos como ellas quisieran. Cuando estas cuatro religiosas abandonen la Residencia, será el personal municipal el que se encargue de la gestión, aunque se tendrá que nombrar un director.

 

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