Jose Arozamena y Rolando Fernández, dos amigos que quieren rescatar la tradición de la plantación del chacolí en las laderas del monte Cerredo

Cuando se van a cumplir ciento cincuenta años de la tremenda plaga de filoxera que hizo desaparecer prácticamente la totalidad de las viñas que producían vino de chacolí en Castro Urdiales, un par de amigos, José Arozamena y Rolando Fernández, se han empeñado en recuperar la tradición de sus abuelos y bisabuelos y en las mismas tierras que entonces, en la ladera del monte Cerredo que desciende hacia la mar, dicen que el vino bueno tiene que ver la mar, sentencia José, vienen plantando desde hace escasos años nuevas cepas para producir chacolí de la misma forma artesanal que sus antepasados lo hacían en Allendelagua.


Recuperamos la tradición  -dice José-  pero hay una diferencia y son las cepas que usamos. Desde la tremenda plaga de filoxera que destruyó todas las viñas de Castro se dejaron de utiliar aquellas cepas que daban vino de chacolí rojo y se sustituyeron por unas cepas francesa, chadornay,  y otras de albillo por lo que el chacolí se volvió blanco.

Algunos de los terrenos donde han plantado las viñas, El Verdor, Rompiculo o los Rebollos, ya han dado sus primeros frutos y han producido uva de la que han obtenido entre cien y doscientos litros al año, aunque otras tardarán de dos a res años en dar fruto. Nosotros -tercia Rolando- nos dedicamos a esto porque nos gusta, de momento no es una actividad profesional, hasta hemos llegado a fabricar algunas botelas de cava de la manzana que tenemos. Pero el próximo año, si todo sigue adelante, queremos organizar en las fiestas de Allendelagua una feria agrícola para presentar nuestro chacolí. Creo que en tres años, con las cepas que estamos plantando ahora, tendremos  una producción cercana a los 3000 litros de chacolí.

Por el monento toca trabajar, y duro. Cuando castrodigital.com entrevistó a los dos chacolineros en el terreno en el que están plantando nuevas cepas, se encontraban clavando estacas para sujetar las hileras de las viñas y que no toquen el suelo para evitar la humedad. Todo esto -dice José- lo tenemos que subir por esta pendiente tan grande a mano, tres o cuatro estacas a la vez. Veremos si llegado el momento podemos hacer un camino para subirlas con el landrover.
Tanto José como Rolando se saben al dedillo la historia del chacolí en Castro Urdiales, que si en el Siglo XIII partieron de Castro 6 pipas (unos 600 litros) para el rey de Inglaterra, que si solo en Castro se producía más vino chacolí que en todo el País Vasco, que si esta tierra cayuela de Allendelagua es buena para las parras.
Y del intento vasco de hacerse con la denominación de origen chacolí, ambos coinciden en que la sentencia del Tribunal de la Unión Europea les permite utilizar la denominación chacolí pero no las tienen todas consigo porque el que da primer da dos veces, y los vascos han dado primero.
La sentencia de la UE, según señalaba recientemente ADIC, la Asociación para la defensa de los intereses de Cantabria, dice que según la normativa comunitaria, si cualquier territorio demuestra que un término en concreto, como pueda ser el chacolí, está apegado a sus costumbres, a sus usos, a su tradición, puede obtener una denominación de origen, aunque el término ya esté siendo utilizado.

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