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«El juez ha comprendido que lo mejor para la niña es que esté solo conmigo»

«Casi no me lo creo todavía, se ha hecho justicia», se felicita Aingeru Sanz. En marzo de 2010, curiosamente el día del Padre, este bilbaíno afincado en Castro Urdiales sufrió «la mayor humillación de su vida» al tener que pasar una noche en el calabozo de la Guardia Civil, acusado de agredir a su esposa. Un año después, ha visto cómo un juez le concedía en exclusiva la custodia legal de su hija T., de dos años. ¿Qué ha ocurrido en solo un año para que Aingeru haya pasado de ser un maltratador a un padre ejemplar a ojos de la Justicia? Una demanda «falsa» de agresión, orden de alejamiento de su mujer y su hija, otra detención con su correspondiente noche en comisaría, tres juicios, decenas de denuncias ante la Guardia Civil para conseguir saber dónde estaba la niña... Y la «recompensa» a todo este «calvario»: una sentencia que reconoce que con quien mejor está su hija es con él. «He tenido mucha suerte porque un juez ha sabido valorar el bienestar de la niña sobre todas las cosas», explica.



A tenor de esta trayectoria judicial, el fallo que le otorga la custodia de la pequeña T. puede considerarse como un premio a la constancia. Tras aquella denuncia interpuesta por su ex y verse «detenido y esposado», Aingeru se empecinó en demostrar que no era un maltratador. Y lo logró: un juez determinó que la denuncia era «falsa». La sentencia fue absolutoria y el caso acabó archivado, pero Aingeru tardó dos meses en poder entrar en su casa. Más dura fue la separación de su hija. La madre desapareció con la pequeña y el hombre no encontró otra vía para recuperarla que denunciar sistemáticamente el incumplimiento del régimen de visitas: llegó a interponer ante la Policía y a Guardia Civil «más de 60 denuncias» por este motivo».

Precisamente, el juez ha tenido en cuenta la persistencia demostrada por Aingeru para averiguar el paradero de su hija, así como que tiene una casa, trabajo y una red familiar esencial para el «equilibrio emocional de la niña». Ahora que ya no tiene pleitos pendientes -aunque espera que su ex recurra la sentencia- ha decidido prestar su experiencia a otros «que hayan sufrido la injusticia de ver cómo les arrebataban a sus hijos, ya sean padres o madres». Ha registrado una agrupación, que ha bautizado como TAS (las iniciales de su hija), desde la que ofrecerá asesoramiento y asistencia jurídica a quien la necesite. Para ello, cuenta con la colaboración del abogado especializado Jorge Martínez y del psicólogo infantil Antonino Machancoses, dos profesionales comprometidos con la custodia compartida.

 

NOTICIA EXTERNA

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