El acusado pagó en un bar de Castro con un billete "con sangre de la victima"

Testigos declaran que el hombre que mató a un taxista de Laredo no parecía drogado.

Diversos testigos que vieron a Gabriel G.C. meterse en un taxi la mañana del 8 de abril de 2005, donde luego mató a su conductor, -tal y como ha confesado- mediante 18 puñaladas, no le vieron síntomas de ir drogado, circunstancia que aduce su Defensa para pedir la eximente de su cliente y su libre absolución.

La Sección Primera de la Audiencia Provincial de Cantabria celebró hoy la segunda jornada del juicio contra Gabriel G.C., vasco de 36 años de edad, acusado de asesinar al taxista laredano Miguel Macías Ocaña, de 61 años y con tres hijos, y de un delito de robo con violencia. La Fiscalía solicita 24 años de prisión, la acusación particular 26 años, y la Defensa su libre absolución, o subsidiariamente, 7 años de cárcel por homicidio.

   Tras que el procesado reconoció que mató al taxista cuando le dejó en la calle Andrés de la Losa de Castro Urdiales cuando decidió "robarle" con un cuchillo que compró el día anterior, con el que le apuñaló porque la situación se le "vino grande", hoy los testigos no le vieron indicios de haber esnifado "el triple" de la dosis de cocaína que el acusado suele consumir, tal y como sostiene.

   Un hombre que se encontraba esperando en la parada de taxis de Laredo reconoció físicamente al procesado, afirmando que incluso intercambiaron unas palabras, hablando el acusado en aquella mañana y justo antes de subirse al taxi "con normalidad".

   El magistrado tuvo que pedir a Gabriel G.C. que se quitara la capucha y la bufanda que a modo de pasamontañas llevó tanto ayer como hoy en la Sala, para que los testigos pudieran reconocerle, si bien los periodistas gráficos fueron expulsados de la Sala, a petición de la Defensa, en una decisión inusual.

   El agente de la Policía Judicial de la Guardia Civil que detuvo a Gabriel G.C. relató que no les hizo alusión alguna "a que tuviera drogas" en el momento de ser capturado, y que tras una primera negación de los hechos, confesó luego el crimen, y posteriormente informó hasta del lugar donde tiró el cuchillo: el río Brazomar de Castro.

SE METIÓ EN UN BAR A JUGAR A LAS MÁQUINAS

   Según las investigaciones, Gabriel G.C., tras matar sobre las ocho de la mañana al taxista, huyó del coche, intentado salir de Castro Urdiales en autobús, lo que no pudo hacer porque no quedaban billetes. Posteriormente intentó forzar un vehículo y al no poder se metió en el bar 'Paréntesis'.

   Una camarera del local testificó que el procesado pasó entre "dos a tres horas" en el bar jugando a las máquinas tragaperras, de tal manera que pensaba que "era un ludópata". "Pidió un chupito y se puso a jugar", afirmó la testigo, quien añadió que Gabriel se encontraba "muy nervioso" y que iba continuamente al baño.

   Uno de los billetes que entregó para que le cambiaran dinero para jugar estaba "con sangre", por lo que la camarera se lo comunicó luego a la encargada del bar, quien llamó a la Guardia Civil porque a esas horas ya se sabía en Castro Urdiales que había aparecido un taxista apuñalado.

   Una vez analizado, se comprobó que el billete con el que pagó estaba "con sangre de la víctima", deteniéndole posteriormente en una calle de Castro Urdiales, donde se había desplegado una operación policial para que el sospechoso no pudiera huir.

   Los agentes que realizaron la inspección ocular del taxi afirmaron que se encontró una navaja envuelta en un pañuelo en un lateral del vehículo y 1.285 euros escondidos en una especie de trampilla.

   El acusado sólo se llevó algo más de 200 euros que la víctima tenía en el bolsillo en ese momento, tras, según las acusaciones, agarrarlo por la nuca mientras que le propinaba las 18 puñaladas.

Extraído de: europapress.es

  

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