Termina, hoy, día de San Andrés, el mes de noviembre.

De ello hablaba don Tertulio con sus contertulios de la hora del café.

-"Bendito mes -dice el refrán popular-, que comienza con Todos los Santos y acaba con San Andrés". Castro vive, ya desde este sábado, su fiesta más entrañable, la de la gente del mar: caracoles en casa, caracoles en el bar, caracoles en el figón, la taberna, el mesón, el restaurante. Yo diría que es, esta fiesta castreña, la de la exaltación de ese gasterópodo de tierra, menú de la Navidad imprescindible en otros puntos de la región. El ambiente en la ciudad castreña es, de verdad, bullicioso, confraternal, donde el forastero vive, con los castreños fundido, horas inolvidables.

-¿Ya has hablado con tu amigo Antonio Tardío, el de Mesón Segoviano? -le preguntó don Zenón.

-He hablado con él y con su hijo Alberto, digno sucesor de su padre en las tareas culinarias. Ellos ofrecen los caracoles, a la segoviana; otros los preparan a la castreña, la santoñesa, la montañesa, la riojana, la bilbaína y, así, un sinnúmero de recetas. Cada maestrillo tiene su librillo, que suele decirse.

-Justamente. Y no es un plato barato. Cada vez cuesta más recoger esos "bichos" y quien se dedique a ello. Quizá estén en fase de extinción... -intervino don Penicilio.

-No llegarán a tanto. Escasean, sí, y, por eso, su precio. Y no es sólo ése el plato de esta prenavidad castreña, sino el suculento "panchote"..., suponiendo que se consiga tal especie besuguera, para la ocasión. El problema de estos últimos años ha sido su escasez. ¿Y no sepas de cosas más rica preparado a la espalda, con la sabiduría de esta buena gente de Castro Urdiales! -acabó don Tertulio.

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