María Antonia Castro Herguedas: “Una buena obra ha de transmitir sentimientos”

Con una vocación de toda la vida, pero con una actividad tardía, María Antonia Castro Herguedas es una excepcional pintora cuyas obras maravillan a la gente, ante el realismo que imprime a las mismas, con una pintura real y un arte consumado. Una artista increíble que relata sus vivencias a través de la siguiente entrevista:

PREGUNTA.- ¿Cuándo y por qué comenzó a pintar?

RESPUESTA.- En mi casa siempre hemos vivido en un ambiente especial de la pintura, a mi padre le gustaba mucho, lo mismo que el dibujo, y mi hermano pintaba muy bien, de hecho aún conservo material de pintura y pinceles suyos desde hace treinta y tres años que falleció y que sigo utilizando algunas de ellas, aunque, eso sí, yo pinto siempre con un pincel del número uno, los otros ni los toco. Comencé el año 2002, después de la muerte de mi padre porque me sirve para relajarme, librarme del estrés, para mí es el mejor antídoto.

P.- Cuando decide realizar un cuadro ¿en qué se fija?, ¿qué es lo que le mueve a pintarlo?

R.- Sobre todo tiene que transmitirme sentimiento, cuando veo en la prensa alguna fotografía que me motiva la recorto y la guardo; luego voy seleccionando las que considero más adecuadas a cada momento, pero claro, siempre que me transmitan algún sentimiento especial.

P.- ¿Por qué siempre los trabajos son copias y no originales, ideas suyas?

R.- Me gusta reproducir obras de los clásicos que son los que verdaderamente me motivan, procuro ser fiel al modelo aunque, eso sí, siempre le doy una imprimación de mi personalidad, de forma que aunque todo el mundo no duda del origen del modelo sí aprecia esa punto de mi personalidad que le hace distinto sin perjudicar el original.

P.- ¿Ha pensado en algún momento plasmar en el lienzo alguna idea suya, huir de la copia propiamente dicha?

R.- Sí. Pero tendría que disponer de tiempo, algo de lo que carezco ahora, y dedicarme de lleno a la pintura. Ahora pinto porque, insisto, me relaja y me saca del estrés, porque cuando pinto me olvido de todo lo que me rodea, estoy como en otro mundo, es decir, para mí la pintura es un medio maravilloso de evasión.

P.- ¿Por qué no pinta la naturaleza viva como realidad latente que es?

R.- No me atrae lo suficiente como para reflejarla en mis cuadros. Además salir a la calle a pintar no lo encuentro muy atractivo y si no siento lo que pinto soy incapaz de realizar una obra.

P.- ¿Ha llegado a mejorar el original en alguna ocasión?

R.- Nunca. Pero tampoco ha sido ese mi objetivo directo. Me gusta ser fiel al modelo aunque, insisto, procuro darle cierto sello personal, como, por ejemplo, el cuadro de Murillo El niño mendigo, contiene unas gambas y las he cambiado por manzanas, además de ciertos matices en el jarrón.

P.- Sabemos que participa anualmente en la exposición que organiza la Asociación de Mujeres Atalaya con motivo del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, el 8 de marzo, ¿Qué prepara para este año?

R.- Primero debo decir que estoy pintando gracias a que Atalaya me invitó a participar en sus talleres y cada año, eso sí, aporto una obra, no suelo pintar nada más que una al año, a lo sumo dos, y para la próxima cita expositiva estoy preparando un bodegón, copia de uno de Carvallo, del año 1600, que es el primero que se hizo con flores secas, frutos medio podridos, es decir, algo que me gusta porque en aquella época se salió de lo corriente, por ello me llamó la atención y, además, los colores son ocres y marrones, es decir, algo que verdaderamente me llamó la atención.

Extraído de: elalerta.com

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