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Buzos extraen 325 kilos de residuos del fondo de la bahía de Castro

Un grupo de once buceadores formado por miembros del Club de Actividades Subacuáticas de Castro (CASCA) y voluntarios procedentes de Vizcaya y otras zonas de Cantabria se sumergieron ayer en las inmediaciones del rompeolas para limpiar la bahía a fondo durante horas, como es tradición en la localidad costera desde hace catorce años.

Con ánimo de «concienciar» a la gente, que «no se imagina en qué estado se encuentran los fondos marinos», los submarinistas sacaron a la superficie 325 kilos de residuos para que quedaran bien a la vista de todos.

Aunque parezca increíble, en la zona hay hasta «cajas registradoras», pero la lista de intrusos contaminantes es larga: carritos de la compra, vídeos, bicicletas, baterías y muchas latas de aluminio. En parte, la iniciativa también busca despejar el fondo marino de los desperdicios que algunos asistentes arrojan al mar durante la tradicional fiesta de marmitas que se celebra en el municipio cada 15 de agosto.

En un principio, la idea era que el área de actuación fuera más amplia. Querían limpiar también unos «antiguos cañones de la Guerra de la Independencia» que aún yacen en el fondo del mar a la altura de la iglesia de Santa María, pero la «falta de condiciones de seguridad» que provocó el mal tiempo y el estado de la mar obligaron a los buceadores a desistir de su propósito. «Nos hubiera gustado hacerlo por el contenido histórico que tienen y por que es la zona que más sucia está, pero tendremos que dejarlo para el año que viene», lamentaban Roberto Gil y Eduardo Estefano.

Por parejas

A pesar de que el comienzo de la ecológica misión estaba previsto para las 15.00 horas, los concienzudos preparativos de los equipos de buceo y la comprobación de que todos los voluntarios tenían su licencia en regla retrasaron la operación una hora y media. Una vez colocados sus 'jackets', de más de veinte kilos de peso, los submarinistas descendieron a pie por la rampa de San Guillén para ir adentrándose en el mar por tandas. Por seguridad, todos debían ir en parejas, aunque como resultaron ser impares, también hubo que formar un trío. Una vez sumergidos, los buceadores tenían entre 50 minutos y una hora para recuperar el mayor número de residuos posible y meterlos en el saco de plástico enrejado que portaba cada uno. A diferencia del buceo por apnea, llevar bombona de oxígeno desaconseja subir y bajar muchas veces por los cambios de presión que soporta el cuerpo. Lo habitual es sumergirse unos nueve metros e ir ascendiendo poco a poco. Cuando emergían, los voluntarios depositaban los sacos llenos en una zodiac y otro barco particular que aguardaban por la zona. Después de descargar cogían otro saco y vuelta a empezar. Una ambulancia de la Cruz Roja y cinco miembros del club vigilaban desde tierra firme por si surgía algún tipo de incidencia.

Tras un par de horas y media, los submarinistas dieron por finalizada la tarea y celebraron una merienda para comentar la fructífera jornada. «Lo hemos pasado de miedo», aseguraron. Siguiente objetivo: Instalar un belén submarino de metal en las profundas aguas castreñas por Navidad.

Extraído de: elcorreodigital.com

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