Una hierba de la Pampa invade la zona cantábrica

Su nombre científico es cortaderia selloana , pero es más conocida como plumero de la Pampa por sus características cañas con forma de penacho. Se trata de una hierba invasora originaria de Argentina, Uruguay, Chile y Brasil que se ha convertido en una plaga en la cornisa cantábrica y el este español.

 Ejemplar del plumero de la Pampa.
 Ejemplar del plumero de la Pampa.


El botánico de la Sociedad de Ciencias Aranzadi de San Sebastián Iñaki Aizpuru explicó que el plumero es una especie "muy agresiva", en forma de mata, a la que le gustan las zonas húmedas y de clima templado, circunstancia que explica su gran expansión por el Cantábrico, donde se extiende desde Asturias a Guipúzcoa.

La cortaderia vive entre diez y quince años durante los que puede producir millones de semillas que son desplazadas por el viento hasta 30 kilómetros, aunque en las comunidades autónomas del norte de la península se está extendiendo siguiendo los corredores de las infraestructuras viarias de reciente construcción.

El problema alcanza tal dimensión que el Ayuntamiento de Gijón destinó en 2003 una partida para eliminar esta planta pampera de diferentes puntos del municipio, mientras que en Cantabria el consistorio de Astillero ha iniciado un programa similar para frenar la expansión de esta especie.

Aunque con menor éxito que en el norte, el plumero, cuyos tallos dan lugar a agrupaciones de hasta tres metros y medio de diámetro y cuatro de altura, coloniza también amplios espacios de la zona este del país donde, según la página web Invasiber , dedicada a las especies exóticas introducidas en España y financiada por el Ministerio de Ciencia y Tecnología, ha alcanzado espacios naturales como el delta del Llobregat. La cortaderia se ha expandido igualmente a algunas provincias de Andalucía y amenaza ya al parque de los Alcornocales, entre Cádiz y Málaga.

El biólogo Carlos Melgosa recuerda en la web del Taller de Educación Medio Ambiental de Castro Urdiales (Cantabria) que esta gramínea suramericana fue introducida a mediados del siglo XIX en Europa como planta ornamental para jardines y como fijadora del terreno en obras de ingeniería, ya que puede penetrar hasta un metro de profundidad en el suelo. Esta fortaleza de sus raíces le permiten además regenerarse incluso después de un incendio algo que, unido a su escasa exigencia en la calidad del suelo, le hacen prosperar en muchos lugares, si bien en nuestro país prefiere especialmente los terrenos removidos por las obras como solares baldíos y márgenes de carreteras, donde otras hierbas arraigan difícilmente.

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