El sorteo realizado el pasado día 7 de agosto para adjudicar las 200 parcelas disponibles en el Concurso de Marmitas de Castro Urdiales del próximo 15 de agosto, ha generado este año un fuerte malestar entre los participantes que se han quedado sin parcela.
Según datos municipales, se presentaron 611 solicitudes, lo que ha dejado fuera a más de dos tercios de las cuadrillas aspirantes. Además, ha llamado la atención el hecho de que la práctica totalidad de las cuadrillas apuntadas sea de 10 personas (6.291 participantes en total), justo el mínimo para poder solicitar parcela según se indicaba en las bases del concurso..
Preguntados sobre el tema en nuestras redes sociales, decenas de vecinos han expresado su descontento con el sistema y han denunciado prácticas que, según afirman, estarían distorsionando la transparencia del sorteo. En general, la mayoría coincide en que el sistema actual necesita mejoras para garantizar la igualdad de oportunidades.
Entre las principales quejas figura la sospecha de que algunos grupos se inscriben varias veces utilizando DNIs de personas que no participarán realmente para aumentar sus posibilidades de obtener una parcela. Varios comentarios también apuntan a una posible reventa de parcelas, algo que, de confirmarse, vulneraría el espíritu de la tradición.
Además de las críticas, muchos usuarios han propuesto soluciones para mejorar el sistema. Entre las ideas más repetidas destacan:
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Dar prioridad a los empadronados en Castro Urdiales, para intentar que todas las cuadrillas locales puedan participar en la fiesta.
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Implantar un fuerte control presencial el día del concurso para verificar la identidad de los inscritos, con multas o sanciones para quienes incumplan.
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Pedir una fianza que se devolvería al presentarse el día del concurso, con el fin de evitar las inscripciones falsas.
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Reservar parcelas para las cuadrillas que hayan participado en ediciones anteriores y demostrar continuidad.
La polémica surgida refleja el arraigo y la importancia que tiene esta fiesta para la ciudadanía castreña, así como el deseo de preservar su carácter popular y evitar injusticias.
