domingo. 25.02.2024

José Ángel de Celis llevaba casi tanto tiempo en el colegio San Fernando como el primer pupitre que se instaló en el centro. Comenzó en la enseñanza en la Academia San José, en el año 1969, y el día de San Mateo de 1978 entró por primera vez en las instalaciones situadas en la Avenida San Agustín, por aquel entonces todo un «coliseo» de la enseñanza en comparación con la mayoría de los centros educativos de la comarca. Ahora, después de llevar más de un año retirado, está de sobra capacitado para hecer un repaso por el sistema educativo avilesino.


El profesor de Celis es natural de Villanueva de Arriba, un pueblo cercano a la localidad de Guardo, en la provincia de Palencia, aunque su corazón ya es medio avilesino. El curso pasado recibió la Insignia de Oro de la asociación de antiguos alumnos del colegio por su ejemplar trayectoria como docente a lo largo de sus cuatro décadas de carrera, y si de algo se ha marchado convencido es de que todo en la vida depende de la palabra y de la forma de transmitirla. «Si todos conociéramos bien la lengua se arreglarían muchas cosas en el mundo», explicó el profesor, que antes de jubilarse impartía clases de Lengua, Latín, Griego y Cultura Clásica.

En un principio iba para cura. Tras salir de la escuela de su pueblo se marchó a estudiar a un colegio de frailes claretianos en Valmaseda (Vizcaya), donde cursó primero y segundo de bachiller. El resto lo hizo en Castro Urdiales (Cantabria) con los mismos frailes y a continuación se fue a Santo Domingo de la Calzada (Logroño) para estudiar cuatro años de Filosofía Escolástica. También hizo dos años de Teología en Salamanca. «Al final la vida cambió y tuve tres hijos», explicó De Celis en referencia a Mónica, Jesús Ángel y Patricia.

La Conferencia Episcopal le otorgó el título para dar clases en los centros privados y fue entonces cuando llegó a Avilés. «Tenía aquí a una hermana y a un cuñado que trabajaba en Ensidesa y por eso decidí establecerme en la ciudad». De Celis aprovechó su llegada a Asturias para licenciarse en Filosofía y Letras por la Universidad de Oviedo.

Cuando De Celis comenzó en la enseñanza las cosas eran muy distintas. «No es que los alumnos de ahora sean malos, pero antes había más disciplina y más orden, uno estudiaba para arreglarse la vida y ahora estudian obligados y sin tener la certeza de que vayan a trabajar una vez que hayan terminado los estudios», señaló. En su opinión, aquello de «magister dixit» -en resumidas cuentas, lo que dice el maestro va a misa- se quedó en el olvido. «El profesor ha perdido autoridad, eso está claro, aunque en nuestro colegio nunca ha habido demasiados problemas en ese sentido», matizó.

José Ángel de Celis es de esos que comenzó con pizarra y borrador, aunque no está en desacuerdo con las nuevas tecnologías. «Si hace unos quince años me hubieran dicho que los niños irían a clase con el ordenador no me lo hubiera creído, pero pienso que la tecnología es un instrumento que, bien aprovechado, puede ser muy positivo para la educación», señaló.

Por sus clases han pasado miles de alumnos -«ingenieros, futbolistas, obreros, periodistas...», enumeró- pero considera que «los de antes» salían «más preparados». De Celis piensa que «las continuas reformas educativas están volviendo loco a todo el mundo, es necesario un pacto de Estado para conseguir una educación de calidad, que ahora no existe». A nivel emocional la enseñanza se lo ha dado casi todo, aunque le gusta ver como sus alumnos triunfan tras salir del colegio, «también notas como te haces mayor al ver pasara a tantas generaciones».

Ahora, a pesar de haber dejado de dar clases, sigue siendo puntilloso. «Algunos de vosotros, los periodistas, utilizais muy mal la lengua, sobre todo en televisión», afirmó a modo de tirón de ojeras. Después recordó que «mientras Roma conquistó a Grecia con las armas, Grecia la conquistó por la palabra», para él una de las armas más efectivas.

La palabra por bandera