jueves. 13.06.2024

La actividad minera en el municipio de Castro Urdiales alcanza relevancia internacional a partir de 1880, con las explotaciones mineras de Dícido y de Setares, yacimientos con extensas venas de alta calidad en hierro y de fácil extracción que se explotan al albur de la creciente demanda de mineral para la industria siderúrgica en Inglaterra, primero, y más tarde en Vizcaya. De la actividad minera en el complejo minero de Dícido y Setares habla la tesis doctoral, editada por el Ayuntamiento de Castro Urdiales en junio de 2010, de María Luisa Ruiz Bedia, profesora de la Obras Públicas de la Escuela de Ingenieros de Caminos de la Universidad de Cantabria, y que han servido, entre otras fuentes de información, para elaborar la Guía de la arqueología industrial minera de Castro Urdiales por parte del Taller de Empleo de Diseño Gráfico, que se hace pública con ocasión de la exposición LOS CARGADEROS DE MINERAL del Museo de la Minería de Gallarta.



La “Dícido Iron Ore Company” y la “Compañía Minera de Setares”, fueron motores de una transformación que explica en buena medida la historia de Castro Urdiales desde mediados del siglo XIX a mediados del siglo XX. Su relevancia económica sobrepasa sin duda los límites del municipio, y alcanza a la capitalización de la industria vizcaína, hasta el punto de que empresarios como los Chavarri, Sota, Aznar, Ocharan… están presentes además de en Castro Urdiales, en la actividad minera, industrial, naviera y siderúrgica de Vizcaya. Con la eclosión de la actividad empresarial surge también un movimiento obrero que reclama mejores condiciones de vida para los mineros y sus familias, resurgir que supuso el fortalecimiento de las agrupaciones socialistas, entre ellas, la de Mioño, constituida en 1.905. La actividad minera es historia, y forma parte incuestionable de la memoria de varias generaciones de castreños.

Cargadero de Dicido

La minería en Dícido y Setares, al unísono de lo que se estaba produciendo en la cuenca minera vizcaína, fue campo de ensayo para experimentar lo mejor de la ingeniería nacional e internacional.

Cabecera planinclinado de Dicido

Constructores como la compañía belga Lecocq, e ingenieros como Wells, Gorbeña, Palacios, entre otros, diseñaron una red de transporte y embarque de mineral que iba a transformar el paisaje rural para impregnarlo de artilugios mecánicos que permanecieron durante décadas en los montes de la zona oriental de Castro Urdiales. Además de los ferrocarriles de adherencia impulsados por las máquinas de vapor, se idearon líneas de baldes, algunas de más de diez kilómetros que transportaban el mineral desde las minas hasta los lugares de embarque; o los planos inclinados que soportaban ferrocarriles de cadena flotante, que fueron modificando su diseño y replanteo a medida de que avanzaba la extracción, o ésta descendía de cota. El mineral era almacenado para su posterior embarque, o bien para su lavado (cuando esta técnica se requirió con el fin de mejorar la calidad del mismo) en enormes depósitos construidos casi siempre en mampostería o sillarejo aprovechando la pendiente del terreno.

Cargadero de Dicido

Llaman la atención los embarcaderos de mineral que en el municipio de Castro tiene la singularidad de ser abundantes: hasta siete cargaderos llegaron a funcionar en la costa del municipio. Fueron diseñados mediante la tipología de cantiléver, anclados al acantilado y soportados en ocasiones por una enorme pilastra. De todos ellos tan solo subsiste el cargadero de Dícido, declarado Bien de Interés Cultural por el Gobierno de Cantabria en 1.995, por impulso de la Escuela Taller del Ayuntamiento de Castro Urdiales.

Cargadero interior de Urdiales

Hoy quedan para la memoria del municipio de Castro Urdiales y de Cantabria una numerosa relación de vestigios mineros que se extienden, sobre todo en la zona oriental del municipio (Sámano, Mioño, Lusa, Santullán, Otañes, Los Corrales, Baltezana y Ontón), y que se articulan a través de las rutas verdes, es decir, los antiguos trazados de los ferrocarriles mineros o de viajeros que aún pueden identificarse, y en buena medida, disfrutarse por paseantes y ciclistas. Las vía verdes de Castro Urdiales nos permiten recorrer cerca de doscientos vestigios mineros agrupados en 92 yacimientos en los que se distinguen depósitos de mineral, bocaminas y galerías, planos inclinados, vías férreas, explotaciones a cielo abierto, pilastras de cargaderos, cabezas de plano inclinado, muros de contención, edificios y poblados mineros, apeaderos, túneles y dos estaciones de ferrocarril.

Depositos de Baltezana

La relación de yacimientos que se exponen es susceptible de modificaciones y ampliaciones; en ellos tan solo se incluyen los relativos a la zona oriental del municipio en la medida de que articulan un espacio susceptible de ser declarado como Ruta Cultural siguiendo los criterios de la ley de Patrimonio Cultural de Cantabria. Es el espacio de influencia de las minas de Dícido y de Setares, y también de los ferrocarriles de Castro Traslaviña y Castro Alén, a los que necesariamente hay que añadir los yacimientos de la ruta minera del Piquillo. Todos ellos se configuran como una red de rutas verdes, itinerarios culturales de la arqueología industrial minera del municipio: un recurso susceptible de incorporarse como un auténtico producto cultural en la zona más oriental de Cantabria, y sobre los que urge su protección a través de la declaración como Bien de Interés Cultural de Cantabria.

Depositos de Saltacaballos

Nº 50 - bocamina Ceferina de Setares

Túnel de Mioño

Viaducto Los Vados



PROGRAMA DE RUTAS VERDES
Taller de Empleo de Diseño Gráfico


Yacimientos mineros de Castro Urdiales: 'De las minas a la costa'