El mesón Marinero de Castro Urdiales, uno de los restaurantes con más tirón de la costa cantábrica, cerrará desde hoy por espacio de un mes y dará vacaciones a toda su plantilla. Aunque se trata de una práctica habitual en los restaurantes del municipio, será la primera vez que el Marinero, situado en pleno puerto pesquero, se abone a esta tendencia. Fundado hace medio siglo, según asegura uno de sus gerentes, Esteban Modino, solo se había clausurado hace tres décadas debido a un incendio y con motivo de unas obras hace tres años. En esta ocasión, es la falta de personal la que ha obligado al cese de la actividad.



El mesón, que cuenta con una plantilla de 22 trabajadores, arrastra cuatro bajas de larga duración que «han descompensado los turnos de trabajo». Modino ha descartado la posibilidad de sustituir las ausencias mediante contrataciones temporales porque «es difícil encontrar gente preparada y, además, contamos con una plantilla muy competente que ofrece un trato personalizado». A pesar de que los primeros meses del año no son trascendentales en el capítulo de ingresos, su gerente calcula que las pérdidas ascenderán a un 10% del beneficio anual estimado.

Modino no baraja el cierre definitivo, aunque confiesa que desde 2008 las ganancias han caído «entre un 20 y un 25%». 2010 fue el ejercicio más negativo, ya que «se produjo un shock del que la gente se ha recuperado el año pasado, aprendiendo a adaptar sus posibilidades a la difícil tesitura». El Marinero también se ha aclimatado a los nuevos hábitos de sus clientes y ofrece una variedad de platos que «resulta más accesible».

«Época nefasta»

Los clientes del mesón se han visto sorprendidos por la histórica decisión, aunque sostienen que «el paro ha reducido la presencia de trabajadores». Advierten una menor afluencia en los bares del municipio y ponen como ejemplo el cierre de la emblemática cafetería Dallas. Ibon Álvarez, guía de la iglesia de Santa María, afirma que en estas fechas «muchos bares permanecen cerrados» y señala la crisis como otro de los factores decisivos. En el templo se aprecia un descenso significativo de las reservas para bodas.

Por su parte, un grupo de empresarios achaca la clausura a la «rigidez laboral», porque «limita la gestión de los propietarios», e indican que el frenazo de la construcción en Castro ha perjudicado a la hostelería. «Los constructores suelen ser flor de un día, y, por eso, es fácil que los problemas en el sector se reflejen ahora. Muchos empresarios han pasado de ir a la carta a comer de menú».

Los restaurantes más prestigiosos del municipio reconocen un descenso en su volumen de ingresos. Javier Villayandre, gerente de El Manco, asegura que atraviesa una época «nefasta», con una disminución en los beneficios de «un 40%» que ha situado el establecimiento «al borde de la supervivencia». Desde 2008, ha renunciado a cerrar por vacaciones. A su juicio, los comedores pequeños pueden superar el contexto actual con menor dificultad porque «cuentan con plantillas reducidas».

El mesón El Segoviano, con una merma en sus ingresos de «entre el 30 y el 40%», también padece una situación complicada. Según uno de sus responsables, «estamos salvando los muebles». Sostiene que, desde 2004, se ha pasado a cerrar el local durante solo quince días, argumentando que «no podemos estar parados, puesto que somos como un barco grande que, amarrado, sigue generando muchos gastos».

El gerente del asador El Puerto, Iñaki Pons, asegura que la crisis en el sector de la construcción ha supuesto un lastre, ya que «numerosos promotores venían al local a cerrar negocios». Explica que busca fidelizar un nuevo tipo de cliente, aunque sus ganancias solo se han reducido «entre un 10 y un 15%» con la apertura «hace cuatro años» de un bar en las instalaciones del asador que «ofrece comidas caseras por un precio inferior». No obstante, barrunta que este año no podrá dar vacaciones a sus empleados «para poder pagarles», porque, «en esta época, no despedir es un éxito». Tampoco se ha producido un descenso considerable en los beneficios de la marisquería Alfredo, que ha dejado de ingresar «entre un 10 y un 12%» en el último año y medio. Basan este hecho en el «buen tiempo» y una «menor variedad de productos que costear».